jueves, 10 de enero de 2008

Nuevo disco de M-clan




“Y es tan corrosivo este dolor,

esta casa en ruinas que soy yo”

(Roto por dentro)


Creemos en M Clan como quien cree en los héroes imperfectos; esos vaqueros de los filmes de John Huston, recios pero nobles. M Clan respiran rock y ese es su santo grial. Sin embargo, el rock los necesita también a ellos. Resumiendo, hay pocos grupos como M Clan: dominan su género hasta por el forro, se saltan convencionalismos y plasman, en cada nuevo disco, estrictamente lo que les motiva. Por eso, por ser músicos honestos y gente de fiar, 9 de cada 10 críticos de rock los incluyen en su dieta (el que queda, escribe en una revista de tendencias y por cojones renueva su memoria cada 3 o 4 minutos)

Memorias de un espantapájaros, séptimo cedé de M Clan, es un punto de inflexión importante en su carrera. Un trabajo valiente, un paso más hacia la sinceridad. Memorias... nace de la catarsis de Carlos Tarque, cantante y coautor de todo el repertorio. Tras la publicación del “grandes éxitos” Retrovisión (2006), Carlos agarró papel y comenzó a escribir compulsivamente. Garabateaba versos caminando por la calle, en aviones, en habitaciones de hotel... Completó unos 150 poemas en no más de cinco meses. Algunos de ellos, ilusionantes; otros, desesperados o, directamente, retorcidos. Todos verdaderos.

A veces, un grupo debe escoger entre dedicarse a optimizar las claves de su éxito o cavar hacia el interior. En esta ocasión, M Clan ha optado por la segunda vía. Partiendo de la lírica urgente y sincera (más o menos autobiográfica) de Tarque, la banda fue confeccionándole un traje a medida. Por primera vez, cada canción nacía de un texto y no al revés.


“Presiento que el momento ya llegó;

la cuerda no soporta la tensión, mi voz se quiebra.

Me siento un fakir del rock’n’roll

Cantándole canciones al dolor y a la niebla”

(Pasos de equilibrista)


Memorias de un espantapájaros es un disco sorprendente y, sin duda, el trabajo más adulto y maduro de M Clan. Los juegos de palabras y el peculiar sentido del humor de Carlos Tarque ceden terreno, esta vez, a metáforas y paisajes de profundidad inusitada y cierto halo negativo. Como la misma portada. El repertorio de Memorias... es un cancionero desesperado y melancólico que habla de haber perdido tu sitio (Inmigrante), tu ilusión (Corazón de bronce) y tu fe (Las calles están ardiendo).


“Afuera están ardiendo

las calles de este tiempo;

afuera está muriendo la razón”

(Las calles están ardiendo)





Es también un diario de amores malditos, terminados o mal avenidos: Roto por dentro (rotundo primer single, de estupenda melodía y estribillo soul); Las palabras que me dijiste; Balada del desarraigado; Canción de invierno. Aunque también hay hueco para el positivismo con Amor universal (clásico rock de melodía con gancho, al estilo M Clan) y Espantapájaros, con un trasfondo ecologista inherente al espíritu del disco.


“Ya no se ven las fábricas negras de monóxido;

Entra en este campo de mi mano y sin hablar”
(Espantapájaros)

Las composiciones nacen, fundamentalmente, del trabajo de Carlos Tarque con el guitarrista Ricardo Ruipérez. La suma de sus inquietudes dio lugar al grupo quince años atrás, y ambos siguen siendo su fuerza motriz. Con las labores de producción del maestro Carlos Raya (guitarrista de la banda desde 2002 y, por cierto, también productor de lo último de Fito & Fitipaldis), han forjado un disco de rock libre, artístico, sin concesiones. A la manera de los clásicos de los 70.
Desde el bombazo inaugural Pasos de equilibrista (que es como si los Who y AC/DC hubiesen follado juntos escuchando la radio FM) hasta la clausura con el opus Canción de invierno, Memorias de un espantapájaros es un disco con causa arreglado e interpretado por excelentes músicos. A la base rítmica, conformada por el batería Juan Antonio Otero “Oti” y el bajista Pascual Saura (con Tarque y Ruipérez, fundadores y pilares del grupo), se unen los ya habituales Alejandro Climent “Boli” (teclados) y el ya citado Raya, además de algunas colaboraciones.

Entre todos reparten ráfagas eléctricas; estupendas melodías; imágenes lorquianas (Las calles están ardiendo, en especial); riffs de alta escuela; baladas como las que ya no canta Rod Stewart; guiños de country-rock; vientos a lo Morricone (en Las palabras que me dijiste) y solos de guitarra slide que resucitan a George Harrison (Inmigrante). Además, el mejor cantante de rock español de las últimas décadas, más cómodo y convincente que nunca, transitando de su registro más grave y dylaniano al grito desatado.


Si, por un momento, privamos al rock de su parafernalia estética, si conseguimos olvidarnos del sonido de moda para centrarnos de nuevo en las canciones y la esencia del género, no lo dudes: este será el disco rock del año. Quizá, de algunos años más. Hasta que alguien llegue, de pronto, y vuelva a poner su alma sobre la mesa.


“Hoy encontré todas las ventanas rotas

y vuelvo a ser un recién llegado más;

todo ha cambiado y yo no me encuentro”

(Inmigrante)



M CLAN. CRONO-DISCOGRAFÍA

1993. M Clan da sus primeros pasos como grupo en Murcia.

1995. Tras foguearse en los garitos del circuito roquero, edita su primer disco: Un buen momento, grabado en los estudios Ardent de Memphis. La banda recoge las alabanzas de la crítica roquera con temas como Perdido en la ciudad, Donde el río hierve o Un buen momento.

1997. Se edita Coliseum, producido por Richard Chycki en Toronto. Es su álbum de sonido más duro. Destacan Vuelve y el himno ¿Dónde está la revolución?

1999. Tutelado por el productor Alejo Stivel, el grupo abre su propuesta a un público más amplio con Usar y tirar, su primer gran éxito. Contiene Chilaba y cachimba, Quédate a dormir, No quiero verte y, especialmente, Llamando a la Tierra (versión del Serenade de Steve Miller Band), que lanza a M Clan a la primera división del rock español.

2001. Se publica Sin enchufe, disco en directo que repasa su repertorio en formato acústico y aportando algunos temas nuevos. Entre ellos, Maggie despierta (adaptación del Maggie May de Rod Stewart) y el mayor hit de M Clan: Carolina. El disco consigue un doble platino.

2002. A causa de desavenencias varias, Santiago Campillo, guitarra solista original, deja su sitio a Carlos Raya. Con él graban Defectos personales, que incluye Dando vueltas y, sobre todo, el rock Antihéroe.

2004. Sale al mercado Sopa fría, donde la banda recupera el sabor del rock clásico americano y la influencia beatle. Además del tema titular, destacan Mario, Filosofía barata y la balada Miedo.

2006. Se publica Retrovisión (1995-2006), su primer disco recopilatorio. Además de lo más granado de su cancionero, figura aquí una pieza nueva, la popular Oigo música.

2008. El sencillo Roto por dentro anuncia el lanzamiento de Memorias de un espantapájaros, séptimo disco de M Clan. Con este trabajo, de gran carga lírica, el grupo entrega un repertorio roquero, profundo y sin concesiones.

Texto: Tito Lesende

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